Antes de la trágica noche del 6 de septiembre, cuando el bebé Gustavo Adolfo, de 2 años, murió asesinado por su tío en el interior del domicilio de Santa Margarita 808, ni siquiera los vecinos se daban cuenta del horror que vivian los niños.
La esposa de Juan Carlos, Santos Guzmán, Victoria Yáñez González, y su hermana Saracely o Cely, preferían hacerse de la "vista gorda" cuando los niños eran sometidos a los bajos intintos del enfermo sexual.
"Parecía una pareja común y corriente. Victoria nunca se llevaba con nadie, siempre estaba en su casa y los niños tampoco salían al patio... ni siquiera a jugar", expresó con asombro y tristeza María Salas Martínez, quien radica en la misma cuadra donde ocurrió el horrendo crimen.

Juan Carlos y Victoria son recordados como personas poco sociables. Nunca salían al patio y cuando lo hacían siempre procuraban ser los únicos de la cuadra en hacerlo.
Los hijos del matrimonio, uno de 4 y otro de 3 años, se la pasaban encerrados. Cuando llegó Saracely con sus gemelitos y la pequeña de 5 años, fueron pocos los vecinos los que se enteraron, pues la mayor parte del tiempo permanecían dentro del domicilio, junto con sus primos.
Aracely Aguilar tiene su vivienda a un lado del domicilio donde ocurrieron los hechos. Recuerda que en algunas ocasiones vio al pequeño Gustavo Adolfo, sentado en la banqueta, bajo el intenso sol.
"Yo vi en varias ocasiones al bebé fallecido. Sé que era él por que escuché a Victoria llamarlo por su nombre. Estaba muy triste sentado en la banqueta, tenía sólo su pañal y me llamó la atención porque estaba en pleno solazo, le pregunté que si estaba castigado y él con su carita triste me respondió que sí.
Nunca lo voy a olvidar", cuenta Aguilar.
En aquel entonces, recuerda Aguilar, que Victoria la escuchó hablar con el pequeño y salió inmediatamente diciendo que el niño se portaba muy mal y que por eso lo castigaba.
Comenta Aguilar que el castigo se prolongaba por más de una hora bajo los rayos del sol, tiempo en que el bebé permanecía sentado sin llorar, ponía sus piernitas una encima de la otra.
Jamás se movía hasta que era metido a la casa, después de cumplir su "condena".
Victoria se quedaba en la casa con sus dos hijos y sus tres sobrinos, todo el día les gritaba. A la niña la ponía a que barriera el patio y que tirara la basura.
La música siempre estaba a todo volumen. Quizás por eso nunca escucharon el llanto de los pequeños. Juan Carlos, salía desde temprano y no regresaba hasta después de las cuatro de la tarde.
"Me sorprendió mucho lo que pasó, yo no supe hasta al otro día, incluso recuerdo que Victoria me dijo en una ocasión que no dejara ir a mi hijo de 6 años a la casa de mi vecina, porque podrían acusarlo de hacerle tocamientos a otros niños, o que podrían abusar de él", señaló Aguilar.
La noche del 6 de septiembre, Aguilar vio por última vez a Juan Carlos cuando salió de su casa alrededor de las 10:30 de la noche.
"Yo esa noche vi a Juan Carlos cuando salió a toda prisa en su carro. Hasta lo patinó. Después de media hora regresó, se encerró y dio el portazo, en la mañana fue cuándo me entere lo que había ocurrido", finalizó Aguilar.









