En una de las muchas ocasiones en las que el Buda transitaba los caminos del norte de la India, se topó con un hombre que, de buenas a primeras, le lanzó al rostro un escupitajo.
El Iluminado se limpió el rostro y preguntó al incivil sujeto:
—¿ Tiene usted algo más que decir ?
El hombre se quedó perplejo. Lo menos que hubiera esperado era que el insultado reaccionara de esa manera. No daba crédito a lo que veía.
Pensaba que el Buda enfurecería. El estupor que le causó lo que presenciaba hizo que enmudeciera.
Ananda, que caminaba a su lado, enfurecido, se dirigió a su Maestro:
—Pero, ¿qué es esto, Señor? Si dejas que la gente haga esto contigo, la vida se tornará imposible. Pídeme que lo haga y lo pondré en su sitio.
Ananda era muy fuerte; pues, había sido un guerrero y, además, era príncipe también. Tan enfadado estaba que continuó diciendo:
— Dame permiso y le dar é lo que se merece.
—No me sorprende lo que ha hecho ese hombre. Lo que sí no entiendo es la forma en la que tú te estás comportando. ¿Por qué te pones así? A ti no te ha hecho nada.
—El salivazo que ha arrojado sobre mi rostro —continuó el Buda— es la respuesta a un insulto que en una vida pasada seguro le he hecho; pero, ya estamos en paz.
¡Ahora me siento feliz!
Y dirigiéndose al hombre, le dijo:
—¡Gracias, señor! Precisamente esperaba toparme con usted para saldar esta cuenta que tenía pendiente. Yo lo he insultado en el pasado.
Tal vez usted no lo recuerde, pero yo sí. Puede que usted no lo sepa, pero yo sí lo sé. Usted lo ha olvidado, porque no ha sido muy cuidadoso de los registros que quedan en su conciencia; pero yo sí lo tengo presente.
—Hoy me siento feliz —dijo el Buda para despedirse—; porque usted se presentó para zanjar la cuestión. Ahora ya estamos libres el uno del otro.
Y dirigiéndose a Ananda, concluyó:
—Han sido mis propios actos los que han hecho que reviente frente a mí este incidente.Opiniones de Lectores

Buda Salvador Gonzalez , 31/08/2010 15:02 TODOS DEBERIAMOS SER COMO BUDA...
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