
Al día siguiente el rey hizo llamar al pajarero.
Le dijo: -Tuve un sueño. Ví un árbol y en el árbol había un pájaro que cantaba una canción. -Ve y atrapa el pájaro para mí-.
-De acuerdo, mi Señor-, dijo el pajarero.
-¿Qué clase de pájaro es?- Pero el rey no lo sabía. -Ve y búscalo-, le ordenó. -Te doy de plazo siete días-.
El pajarero se asustó pues temía el enojo del rey.
Cogió su flauta y su red y se fue al jardín. Se escondió detrás de un muro y tocó la canción del mirlo. Y cuando el mirlo salió de su nido, lo cazó con la red, lo encerró en una jaula y se lo llevó al rey.
–No-, dijo el rey, -este no es-. El segundo día el pajarero cogió su flauta y su red y se marchó al campo. Se escondió detrás de una cerca y tocó la canción de la alondra.
Y cuando la alondra salió de su nido, la cazó con la red, la encerró en una jaula y se la llevó al rey. –No-, dijo el rey, -este no es-.
El tercer día, el pajarero cogió su flauta y su red y se marchó al río.
Se escondió detrás de una piedra y tocó la canción de la oropéndola. Y cuando la oropéndola salió de su nido, la cazó con la red, la encerró en una jaula y se la llevó al rey.
-No, dijo el rey, Éste no es-. El cuarto día el pajarero cogió su flauta y su red y se marchó al bosque. Se escondió detrás de un árbol y tocó la canción del tordo.
Y cuando el tordo salió de su nido, lo cazó con la red, lo encerró en la jaula y se lo llevó al rey. –No-, dijo el rey éste no es-.
El quinto día el pajarero cogió su flauta y su red y se marchó a la linde del bosque.
Se escondió detrás de un arbusto y tocó la canción del reyezuelo. Y cuando el reyezuelo salió de su nido, lo cazó con la red, lo encerró en la jaula y se lo llevó al rey.
-No-, dijo el rey, -éste no es-. El sexto día el pajarero cogió su flauta y su red y se marchó al parque. Se escondió detrás de un pozo y tocó la canción del ruiseñor.
Y cuando el ruiseñor salió de su nido, lo cazó con la red, lo encerró en la jaula y se lo llevó al rey. –No-, dijo el rey, -éste no es-.
Pero al séptimo día el pajarero no sabía ninguna canción más.
Se fue delante del palacio y no se escondió. Cogió su flauta y tocó su propia canción. -Será la última vez-, pensó, -pues el rey me meterá en el calabozo y me quitará mi flauta-.
Y tocó maravillosamente, como nunca lo había hecho antes. El rey, que estaba desayunando, soltó tenedor y cuchillo. -¡Esta es la canción!-, gritó.
-¡Esta es la canción que escuché en el sueño!- Enseguida mandó llamar al pajarero.
-¿Dónde está el pájaro?-, le preguntó. -No es ningún pájaro-, le contestó el pajarero, -es mi propia canción-.
-¿Tu propia canción?-, le preguntó el rey y se asombró.
Quiso oírla otra vez. Y de tanta alegría organizó una fiesta. Y después dejó en libertad otra vez a todos los pájaros y, naturalmente, al pajarero también.
Madrid, Ediciones SM, 1985.







