
Mi felicidad está, contestó el hortelano, en amar y tener a Dios; en ser feliz, servir y saberse de todos hermano… tal como lo fuera el hermano de Asís… no perseguir ni desear lo que no esté al alcance de mi mano o Dios me quiera dar.
Sembrar, cultivar, orar, esperar, vigilar, amar, servir, sonreír y dar. Ese, es el secreto de mi felicidad… con todo y eso, dijo al rico yo no me explico, cómo es que vives feliz en este jacal.
La mansión donde vivo, tiene los lujos que tú, nunca has visto. Los cortinajes de terciopelo, finos manteles y buenos vinos, mozos, sirviendo, ricos platillos y en las paredes, los cromos finos.
Más para serte franco, en todo eso, se siente un gran vacío… el hortelano pareció no escucharlo porque estaba atareado; tratando de colocar en su nido, a un pajarillo que entre el zacate había caído.
Más luego dijo: “Tienes razón… quizá este pajarillo sea más feliz en su nido que tú en tu mansión.
Porque en el terciopelo de las plumas de su madre, está el calor que da el amor.
Y ella, es su cobija como lo es la luna, como lo es sol. Y tiene la libertad, de caerse entre el zacatal y la confianza de que unas manos, con cuidado, en su nido lo vuelvan a colocar.
Como ves, amigo, concluyó el hortelano. Este pequeño rasgo, es solo una chispa del gran secreto de mi felicidad…







