Por Manuel Ignacio Salinas Domínguez
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1. El expresidente Salinas es aparentemente un hombre inteligente, todo un animal político, pero no es un aristotélico "zoon politikón" cualquiera, él es un notorio miembro de nuestra clase política adicto al poder... En su libro que todavía huele a tinta, se va a la yugular de varios intelectuales a los que moteja de "intelectuales neoliberales y neopopulistas", entre otros incluye a los historiadores Lorenzo Meyer y Enrique Krauze y extiende su crítica a tres periodistas: al extinto Miguel Angel Granados Chapa, contra Carmen Aristegui y en contra de Denise Dresser, a quienes la opinión pública tiene en alta estima, a los primeros por su relevancia profesional. A los segundos, por su ejemplar periodismo veraz y valiente. ¿Qué pretende Carlos Salinas de Gortari? Sin duda, ante todo, estar en el centro del debate por su protagonismo exacerbado. Quiero pensar también, que por un soterrado complejo de culpa. Él sabe -aunque no lo reconozca- que gran parte de los males que aquejan a este país, tienen su origen en la política económica de su gobierno. Cuando califica de neoliberales orgánicos a Krauze y a Meyer, acusa una postura cínica porque quien consolidó el neoliberalismo y el neopopulismo en México, no es otro más que él mismo. ¿Qué otra cosa significan el Tratado de Libre Comercio con América del Norte, el adelgazamiento del Estado y su Programa de Solidaridad?
2. El historiador Lorenzo Meyer, entrevistado por Jenaro Villamil (Proceso, 1826) afirma que al igual que Antonio López de Santa Anna, el exmandatario no quiere admitir que su régimen fue un fracaso: "Lo que Salinas no sabe es que la obsesión por el poder termina en la locura". Meyer piensa que Salinas de Gortari muestra evidentemente los síntomas del síndrome de Santa Anna... Sostiene que el debate de Salinas no es un debate de las ideas, es un debate por el poder, "si no, para qué está detrás o al lado de Peña Nieto". Cuando Jenaro Villamil le pregunta -¿cuál es exactamente el síndrome de Santa Anna?, ¿el deseo íntimo de retornar al poder?, Meyer responde que no: "-El gobierno de Santa Anna termina en un fracaso (...), el síndrome, precisa, es una búsqueda de que la historia no lo juzgue así. Santa Anna quiere volver a ser útil a la patria hasta que termina en la locura". -¿Esto sucede con Salinas?, inquiere Villamil, -"Hay algo de eso. Salinas no perdió Texas ni la guerra contra Estados Unidos, pero el 6 de julio de 1988 no se olvida. Él llega con una ilegitimidad evidente (...) Es el 88 y es 1994 y el colofón de ese año trágico fue 'el error de diciembre', que Salinas quiere atribuir a Zedillo, pero no hay nadie que pueda aceptar eso, porque toda la razón de esa caída está en las decisiones económicas tomadas en el salinismo".
3. Por su parte, Enrique Krauze al que Salinas califica en su libro de "intelectual orgánico neoliberal", entregó al semanario Proceso un breve texto publicado en el mismo número citado antes: "... Hace un año Salinas de Gortari se presentó con un kilo de ideas titulado Democracia republicana. Hoy regresa con un refrito de aquel ilegible volumen reducido a sólo 300 gramos, sin duda más ajustado a su verdadero peso intelectual. Esta insignificancia (¿Qué hacer?) contrasta con su lastre moral, ese sí muy pesado. No creo que el público lo oiga ni lo vea: los mexicanos no somos amnésicos. Tampoco creo que el PRI lo quiera adoptar como su nuevo intelectual orgánico: sería un suicidio".
4. Para tener un panorama puntual de las reacciones que entre sus denostados provocó el libro de Salinas, vale que incluya en esta nota lo que declaró Carmen Aristegui a Jenaro Villamil (Proceso, 1826): Carlos Salinas de Gortari "... debería empezar a rendir cuentas". Por lo menos "debería abrirse una averiguación previa o reabrirse aquella que se inició, pero no culminó, sobre las sustracciones de la llamada 'partida secreta'". Aristegui subraya que la presencia pública de Salinas "es nociva porque alienta la instauración del cinismo en la vida social mexicana"; "es la expresión máxima de la desfachatez", porque "aparece como si nada a repartir lecciones como si su enorme descrédito pudiera desaparecer a punta de desmemoria" (...) "Por eso arrastra como fantasma sus explicaciones: 'yo no fui fue Zedillo', dice una y otra vez. Supone que se ha olvidado lo que hizo con los Tesobonos, esa bomba de tiempo que nos reventó entre las manos".
Mientras en México persista la impunidad para la clase política corrupta y rapaz, tendremos como un lastre animales políticos como el escribidor expresidente, que disfruta de la vida en este país de pobres tan campante y en la opulencia. Vale concluir con la frase que escribió J. J. Rousseau en una carta a D'Alambert: "Lo que es malo en lo moral, es malo también en política".
manuel.salinas@elmanana.com.mx
Opiniones de Lectores

RECONOCIMIENTO HUGO A CRUZ , 20/11/2011 20:26 FELICIDADES
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