
Los ataques coordinados, que dejaron casi 200 heridos, significaron una advertencia escalofriante de que Al Qaeda está resurgiendo poco a poco en el vacío de seguridad creado por un gobierno débil en Bagdad y la salida de los militares de Estados Unidos hace siete meses.
Aunque no hubo atribución inmediata de responsabilidad, el líder de Al Qaeda en Irak declaró el domingo que lanzaría una nueva ofensiva para sembrar la inestabilidad en todo el país.
Advirtió que los insurgentes se están reorganizando en áreas que controlaban las fuerzas estadounidenses antes de su retirada en diciembre.
Al Qaeda ha intentado restablecer su poderío tras la partida de las fuerzas estadounidenses de Irak, ante la fragmentación del gobierno de Bagdad y el aumento de la insurgencia suní en la vecina Siria.
El último episodio de violencia llevaba muchas de las señas de identidad de Al Qaeda: todos los ataques con bomba y tiroteos ocurrieron en unas cuántas horas uno del otro y tuvieron como objetivos principales a las fuerzas de seguridad y oficinas del gobierno, los blancos favoritos de los milicianos predominantemente suníes.
"Al Qaeda trata de enviar un mensaje de que es fuerte todavía y que puede elegir el tiempo y los lugares para atacar", dijo ayer el legislador chií Hakim al-Zamili, un miembro de la comisión de seguridad y defensa del Parlamento.
Agregó que las deficiencias en la capacidad de los servicios de espionaje de Irak para reunir información sobre ataques terroristas, o dejarlos ocurrir a pesar de los controles de seguridad, demuestra cuán ineficaz es el gobierno para proteger a su pueblo.
Al Qaeda ha estado tratando de reafirmar su poder durante años, aunque los funcionarios estadounidenses e iraquíes insisten en que no está tan fuerte como lo era cuando la nación estaba al borde de la guerra civil entre 2006 y 2008.
Sin embargo, el ala local del grupo extremista, llamada Estado Islámico de Irak, está buscando ahora recuperar fuerza, aprovechando el vacío dejado por los estadounidenses, el gobierno fragmentado de Bagdad y el auge de los rebeldes suníes en la vecina Siria.
(Agencias)








