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Las fechas no ayudan mucho. Este año se cumplen cuarenta años de la masacre de atletas en Munich, precisamente en medio de una justa olímpica que enlutó al mundo.
Quizá por ello, la protección olímpica en Londres no tiene comparación, incluyendo la instalación de misiles tierra-aire y la incorporación de miles de soldados, policías e integrantes del servicio secreto en labores de vigilancia e inteligencia para evitar tragedias de esa naturaleza.
Estos juegos también se dan en medio de una severa crisis económica de Europa y del mundo, en donde la reciente información del desempleo de casi un 25% de la población española es la cara más elocuente, con pronósticos devastadores.
Ni la inseguridad ni la crisis económica son privativas de Europa.
En América Latina la violencia y la inseguridad nos han atrapado hasta el grado de acostumbrarnos a ellas. En Estados Unidos los brotes de violencia sicópata reflejan el desmoronamiento de los valores individuales y no sólo el fracaso del derecho a poseer armas por particulares sino el terrible daño que esto ocasiona para su sociedad y para los países vecinos, como el nuestro.
Londres 2012, sin embargo, es también un viento fresco.
Es un hecho, éste como todos los eventos deportivos, acercan las diferencias, exaltan el espíritu, unen los ánimos y establecen esquemas de competencia en donde gana el mejor exponente, sin importar otras variables.
Pero además, estos juegos olímpicos se destacan por impulsar a la sustentabilidad ambiental y social como una estrategia para reducir el impacto ecológico, pero también para fortalecer el económico. Los más de 50 mil empleos alcanzados hasta este momento lo van confirmando.
Pero eso no es todo.
La propuesta es que los juegos detonen la economía desde una perspectiva sustentable y ética.
Por primera vez en la historia, se diseñó un plan de sostenibilidad para los juegos y sus efectos previos y posteriores desde que se propuso la candidatura de Londres ante el Comité Olímpico Internacional.
Se denominó Hacia un único Planeta.
Gracias a esta expectativa se logró impulsar un ejercicio de operación basado en cinco ejes: cambio climático, basura, biodiversidad, inclusión, y vida sana.
Cientos de empresas que proveen servicios, han adoptado las reglas de este plan.
Como consecuencia del mismo, se monitorea la huella de carbono que generarán los juegos y gran parte de los materiales utilizados en los estadios serán reciclados para nuevos estadios, como es el caso de las 10 mil toneladas de acero del Estadio Olímpico o la membrana del techo del estadio de baloncesto que será reutilizada de nuevo en Río de Janeiro para los juegos de 2016. Ambos estadios, completamente desmontables.
Además de ello se han sembrado miles de plantas y árboles en la zona olímpica y se han instalado infinidad de contenedores para desechar los envases que previamente han sido identificados por colores para facilitar su desecho y reciclaje. Toda la iluminación es a través de sistemas ahorradores y los insumos utilizados en la construcción de los escenarios han sido obtenidos por las vías legales.
Todo un esfuerzo que vale la pena destacar porque sin duda forma parte ya de nuestra economía.
Ojalá los resultados cumplan las expectativas de todos.
La flama olímpica puede traer más resultados que las medallas para los atletas.
El principal: demostrar que la sustentabilidad es un ejercicio que a todos beneficia, pero que requiere la participación de todos.
El viento ya comenzó a correr, se hizo público en Londres y cada vez cobra más fuerza y adeptos.
Es necesario que nosotros levantemos los diques para dejarlo pasar, que fluya y que además de refrescarnos, nos aproxime a mejores puertos.
leopoldolarap@gmail.com
FB: Esta Boca es Mía
TW: @leopoldolara
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