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¿Presidente interino?
Miércoles, 01 de Agosto de 2012

Perfil

cmagoza@gmail.com Twitter: @Carlos_Mtz_Glz * El autor es Agente Aduanal Sustituto. Licenciado en Derecho por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Certificado en Administración de Negocios Globales por la Universidad de Carolina del Norte. Certificado en Liderazgo Intercultural por la Universidad de Macquiare dentro del Programa “The Scholar Ship” con especialización en Solución de Conflictos haciendo prácticas de campo en China, Tailandia, Sudáfrica y Turquía. Miembro de la fraternidad jurídica internacional Phi Delta Phi. Editorialista del Periódico El Mañana de Nuevo Laredo. Presidente de la Comisión de Empresarios Jóvenes de COPARMEX Nuevo Laredo.
El Artículo 85 de nuestra Carta Magna establece que si la elección no se válida para el 1 de diciembre el presidente en turno sale de todos modos y el Congreso de la Unión o en su caso la Comisión Permanente designará presidente interino.

Un presidente interino que deberá conforme al Artículo 84 Constitucional convocar a nuevas elecciones en un plazo no menor de 14 meses y no mayor de 18 meses.

Eso es precisamente lo que Andrés Manuel López Obrador busca con la impugnación que presentó. La invalidación de la elección que obligaría a la nueva legislatura, de composición mixta, a nombrar presidente interino.

Para que entre febrero y junio del 2014 se llevasen a cabo las nuevas elecciones presidenciales para elegir presidente constitucional, el cual concluiría su mandato el 30 de noviembre del 2018.

Es decir, el mismo periodo que si la elección se valida y Enrique Peña Nieto es declarado presidente electo tendría.

¿Quién sería el presidente interino? ¿Quiénes serían los candidatos a la Presidencia de la República? ¿Qué condiciones políticas y económicas existirían? ¿Ganaría el PRI? ¿Ganaría López Obrador? ¿Ganaría el PAN? ¿Qué pasaría si volviera a perder la izquierda? ¿Sería inválida otra vez? ¿Las reglas serían las mismas? ¿Habría encuestas? Las preguntas no cesan ante la hipótesis.

Que más que real o posible, resulta improbable y a la vez atractiva para la especulación; pero delicada para el avance democrático. Sin duda, quienes creen en una imposición o en una elección ilegal, ven en esta posibilidad la redención de las instituciones y la consolidación de una democracia madura y apegada a la ley.

Si ahondamos en la especulación y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación declara la invalidez de la elección, México sería sometido a una dura prueba de negociación y madurez política: designar presidente interino.

¿Panista, priista, perredista, apartidista? Ninguna fuerza política cuenta con mayoría en el Congreso y el acuerdo no está sujeto a la posposición sistemática con la que se suele negociar.

¿Cuauhtémoc Cárdenas? ¿Diego Fernández de Cevallos? ¿Manlio Fabio Beltrones? ¿Juan Ramón de la Fuente? ¿José Narro? ¿Beatriz Paredes? La responsabilidad histórica de hacer frente a una crisis constitucional recaería en el individuo que llegara a ocupar la silla presidencial.

Asumiría un país con un sistema democrático fallido o funcional, depende la perspectiva que se juzgue. Llegaría con la imperante necesidad de inspirar certeza ante un desequilibrio no experimentado desde que el Partido Nacional Revolucionario asumió el poder en el siglo XX.

Los mercados, las inversiones, la seguridad. La pobreza, el desarrollo integral y el empleo. El reconocimiento internacional que será indispensable.

Arribaría en medio de una tormenta política perfecta, creada por los actores políticos mismos. Enfrentando una prueba de gran calado, mayor a la que los interesados presuponen hoy.

Por una vertiente el gobierno interino deberá gobernar. Las secretarías de Estado y las dependencias gubernamentales seguirán su curso con nuevos titulares.

El país deberá avanzar a pesar de continuar sumergido en un conflicto postelectoral que lo conducirá a un nuevo proceso electoral. La apatía del ciudadano, defraudado por sus instituciones, podría pesar.

El contexto sería adverso. Una de las grandes interrogantes del presidente interino será su política de seguridad. Estaríamos ante un presidente impuesto ahora sí, por el que absolutamente ningún mexicano votó.

Eso por una parte. Por la otra, viene la cuestión política. Los partidos políticos tendrán la necesidad de renovarse para volver a competir.

Los perdedores con la oportunidad de triunfar. El triunfador con la dificultad de obtener un nuevo triunfo en las urnas sin incumplir lo que el Tribunal Electoral juzgó como ilegal en la hipótesis de invalidez.

El único candidato que repetiría seguramente sería Andrés Manuel López Obrador. Aunque, la izquierda sopesaría la posibilidad de postular a Marcelo Ebrard.

¿Por qué no? ¿El PRI volvería a lanzar a Enrique Peña Nieto? Probable e improbable a la vez. Lógico e ilógico a la vez.

¿Y, Josefina Vázquez Mota? ¿Participaría de nuevo o sería relegada del proceso electoral? Bien podría ser la oportunidad de Margarita Zavala de Calderón por el PAN.

¿El PANAL repetiría a Gabriel Quadri o simplemente se adherirá al PRI y su candidato? ¿La Maestra replantearía su estrategia? ¿Cómo serían los debates? ¿Cómo serían los spots? ¿Cuánto costaría al país la reposición del proceso electoral, sus campañas y la elección misma? Infinidad de cuestionamientos incontestables y fuera de lugar que podrían darse.

Repetición de un proceso que resultó contrastante.

¿El Movimiento #YoSoy132 recuperaría su esencia? ¿Qué tal si el candidato del PRI no es Peña Nieto? ¿Seguirían en contra de cualquier candidato del PRI por el simple hecho de ser del PRI? ¿Cómo sería ese domingo de los primeros meses del 2014 en que fuéramos llamados a las urnas? ¿Los ciudadanos participaríamos? ¿La gente quisiera ser funcionario de casilla otra vez? ¿Qué pasaría si vuelve a perder Andrés Manuel? ¿Qué pasaría si gana otra vez Peña Nieto? ¿Estaríamos ante un nuevo fraude? ¿Sería la repetición de lo ya vivido? ¿Estaríamos ante la imposición de la imposición? ¿Cómo votaría Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila, Chihuahua y Veracruz? ¿Se repetirían las votaciones del 1 de julio pasado?

Después de tanta imaginación, cuestionamientos y mezcolanzas, creo que lo mejor será esperar a que el 6 de septiembre el Tribunal actué conforme a derecho y a las pruebas debidamente acreditadas ante su instancia.

Su decisión es inapelable. Apelable es la forma en la que los actores políticos se comportan una y otra vez. México vive momentos de trascendencia inconmensurable.

No creo que el supuesto de invalidez se confirme y por lo tanto que lleguemos a un presidente interino. Pero si me equivoco, entonces las preguntas irrelevantes que hoy plasmo, dejarán de serlo y se convertirán en las interrogantes que definan el futuro de nuestra Nación. ¿Serán?

Presidente interino, elemento de la política ficción que vivimos y viviremos siempre.

cmagoza@gmail.com

Twitter:@Carlos_Mtz_Glz

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