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El desliz de las encuestas en las elecciones presidenciales
Domingo, 12 de Agosto de 2012

Pero la principal falla de las encuestas en 2012 se observa con mayor claridad en la distancia entre primero y segundo lugar que finalmente hubo. FOTO: AGENCIAS
La mayoría falló en este año; se requieren ajustes drásticos para que los estudios demoscópicos puedan ofrecer información confiable a la ciudadanía

CIUDAD DE MÉXICO.- Las encuestas en la elección presidencial de 2012 han sido un tema muy agitado que se ha vuelto, incluso, objeto de litigio postelectoral.

Por su protagonismo, por su influencia, por su falta de transparencia o por su nivel de desacierto e imprecisión, las encuestas y sondeos están siendo sometidos a diversas formas de escrutinio y reflexión.

Un análisis de la precisión de las encuestas públicas bajo el contexto de las cuatro elecciones presidenciales desde 1994 a la fecha arroja una conclusión que no es muy halagadora: la mayoría de las encuestas falló en este año; se requieren ajustes drásticos para que los estudios demoscópicos puedan cumplir a cabalidad su papel esencial en una democracia: ofrecer información confiable a la ciudadanía.

El hecho es que, en este 2012, la precisión de la mayoría de las encuestas sobre intención de voto para presidente sufrió un revés al registrar un aumento en la desviación de sus estimadores respecto al resultado oficial de la votación.

Con ello se rompe una tendencia de mejoría en las encuestas que se venía observando de una elección presidencial a otra desde 1994.

Once encuestas finales realizadas a nivel nacional por diferentes empresas y dadas a conocer en diversos medios unos días antes de las elecciones del 1o.

de julio, registraron un error promedio de 2.7 puntos (1). Solamente tres de las encuestas finales de 2012, incluida la de Grupo Reforma, tuvieron menos de 2 puntos de error promedio (2).

Hay que recordar que la precisión de las encuestas es mayor conforme su error promedio se acerca a cero (3).

Esta marca de 2.7 puntos sobrepasa al error promedio que obtuvieron 16 encuestas finales en la elección presidencial de 2006, que fue de 2.4 puntos.

El error promedio del 2006 ha sido el más bajo que las encuestas mexicanas han obtenido en una elección presidencial, a pesar de que fue una contienda con menos de un punto de diferencia entre ganador y segundo lugar.

En la elección de 2000, las encuestas finales obtuvieron un error promedio de 2.8 puntos, mientras que en 1994 la marca fue de 3.5 puntos. Como puede apreciarse, la tendencia, que venía siendo hacia una mayor precisión, se revirtió en este año.

Pero la principal falla de las encuestas en 2012 se observa con mayor claridad en la distancia entre primero y segundo lugar que finalmente hubo. Según los resultados oficiales, Enrique Peña superó a López Obrador por 6.8 puntos porcentuales.

En promedio, las encuestas preelectorales finales estimaban una distancia poco mayor a los 14 puntos, e incluso hubo encuestas finales que preveían hasta 20 puntos de distancia.

Solamente dos encuestas finales, incluida la de Grupo Reforma, estimaron una distancia de 10 puntos o menos entre Peña Nieto y López Obrador (4).

La desviación promedio en la distancia entre primero y segundo lugar de las 11 encuestas finales de este 2012 fue de 7.7 puntos (5).

Este nivel de error en la distancia entre el ganador y el segundo lugar es, por mucho, el peor que se ha visto en las elecciones presidenciales desde 1994.

En ese año se registró una desviación promedio de 4.1 puntos, mientras que en 2000 y 2006 se vieron las mejores estimaciones de dicha distancia, con 2.2 y 2.6 puntos de desviación, respectivamente (6).

El error de 2012 está fuera de los rangos aceptables de la labor demoscópica.

No es por nada que las encuestas generaran una fuerte controversia entre los actores políticos, principalmente de las izquierdas, quienes las acusan de haber sido pagadas y utilizadas como un instrumento de propaganda electoral a favor de Enrique Peña Nieto.

Si esa acusación es cierta o no es un asunto pendiente, pero lo cierto es que desde que arrancaron las campañas electorales, las encuestas publicadas por diversas empresas y medios mostraban una muy amplia distancia a favor del candidato del PRI.

En abril, las encuestas indicaban una distancia promedio de 28 puntos entre Peña y López Obrador, en mayo de 21 puntos y en junio de 16 puntos.

Llegó a haber encuestas en el mes de mayo que dieron más de 30 puntos de diferencia a favor de Peña Nieto sobre el candidato de las izquierdas.

Bajo ese contexto, la encuesta que Grupo Reforma publicó el 31 de mayo, a un mes de las elecciones, en la que había una diferencia de sólo 4 puntos entre el candidato del PRI y López Obrador, fue tachada de inconsistente, vergonzosa, “mal hecha”, “fuera de rango” y aberrante, por mencionar sólo algunos de los calificativos que le lanzaron analistas políticos y encuestadores por igual.

Al final, esa encuesta resultó más precisa que la mayoría de las que se publicaron a sólo unos días de los comicios. Una lección de ello es que las encuestas no pueden ser sentenciadas antes de que se emita una votación.

Antes de unos comicios, las encuestas se pueden valorar por la claridad de sus metodologías y por la transparencia de sus fuentes de financiamiento; pero el dictamen final de si fueron certeras y precisas se da hasta después de las elecciones.

Con los errores de 2012, los profesionales de las encuestas tienen frente a sí la tarea de explicar por qué fallaron, pero, sobre todo, de tomar las medidas necesarias para mejorar su desempeño futuro.

Ya sea en sus metodologías, en su logística, en su organización o en su presentación, los encuestadores están obligados a hacer ajustes.

Pero también quienes difunden y comentan sus estudios, ya que el valor de las encuestas en las elecciones se extiende a su diseminación y análisis.

La evaluación de las encuestas en las diversas elecciones presidenciales indica que éstas empeoraron su desempeño en 2012. Pero, como apunta un consejero electoral del IFE, la racha de imprecisiones viene desde 2010 en elecciones locales, ocasionando que las encuestas “lejos de ser fuente de certidumbre, hoy fuer[a]n fuente de incertidumbre, y peor todavía: fuente de la disputa política y jurídica” (7).

En la tarea de evaluar las encuestas y su precisión, es importante verlas en su conjunto, como se ha hecho en este artículo, pero también caso por caso, empresa por empresa.

Como es costumbre a nuestros lectores, finalizamos esta nota ofreciendo una breve evaluación de las propias.

El error promedio de las encuestas preelectorales finales de Grupo Reforma fue de 1.4 puntos en el voto para diputados federales, de 1.1 puntos en el voto para senadores de República y de 1.8 puntos en el voto para presidente de la República.

La encuesta para jefe de Gobierno del DF tuvo un error promedio de 2.2 puntos, mientras que la de gobernador de Jalisco de 1.9 puntos.

La encuesta de salida que Reforma realizó a votantes el día de la elección (y cuyos resultados se publicaron poco después de las 8 de la noche) arrojó 39% de votación para Peña Nieto y 32% para López Obrador, comparados con el 39.2 y 32.4 por ciento que obtuvieron oficialmente esos candidatos.

Además, los desgloses de votación por grupos demográficos y sociopolíticos se publicaron al día siguiente de la elección, abonando a un mejor entendimiento de ésta.

Queda ahí el saldo de las encuestas de Reforma para que los lectores, a su vez, lo evalúen.

TABLA

Notas

1. El error promedio resulta de la diferencia entre el porcentaje de apoyo que la encuesta da a cada candidato presidencial y el porcentaje que cada candidato obtuvo en la elección dividida por el número de candidatos.

Para este análisis nos enfocaremos principalmente al error promedio de todas las encuestas publicadas y al error promedio de las encuestas Reforma.

2. Las otras dos fueron las de las empresas Ipsos-Bimsa y Covarrubias y Asociados.

3. Las encuestas preelectorales finales sobre intención de voto para Presidente se publicaron entre el 25 y el 27 de junio, último día para publicar dentro de la legislación electoral vigente.

4. La otra fue de Ipsos-Bimsa, aunque también se puede considerar una proyección -que no propiamente la encuesta- hecha por Demotecnia.

5. Esta cifra resulta de restar la distancia promedio de 14.5 puntos de todas las encuestas menos los 6.8 puntos que fue la distancia en el resultado oficial de la elección.

6. Estas marcas son bastante notables si se considera que la mayoría de las encuestas daban como ganador Francisco Labastida en 2000, en una elección donde la diferencia a favor de Vicente Fox fue de casi 7 puntos porcentuales.

7. “Piden análisis de encuestas”, Reforma, 29 julio, 2012, p. 6.

(Alejandro Moreno / Agencia Reforma)

Opiniones de Lectores

  •   SI HACEN TRAMPAS...QUE? lo cierto es... , 12/08/2012 19:38
    [+4]  Desapruebo Apruebo 
     

    OBVIO SI HACEN TRAMPAS Y PAGAN PARA ENGAÑAR... DE NADA SERVIRÁ

      Alerta al Moderador [ responder
     
  •   . yo , 12/08/2012 18:49
    [+1]  Desapruebo Apruebo 
     

    ya no sustenten encuestas medios y partidos y ya veremos si nos vuelven a quitar el tiempo

      Alerta al Moderador [ responder
     
  •   PRI JESSY , 12/08/2012 12:03
    [-1]  Desapruebo Apruebo 
     

    YO VOTE POR EL PRI Y NO ME DIERON NI AGUA

      Alerta al Moderador [ responder
     
    •   Polo 13/08/2012 00:55 
        Como de que no te dierón nada, una deuda externa marca Diablo,, unas devaluaciones tremendas, un saqueo a la Nación de fabula, y aun asi dices que no te dierñon nada? Alerta al Moderador  
  •   Fallaron las encuestas! Rucailo Matusa , 12/08/2012 09:46
    [+7]  Desapruebo Apruebo 
     

    La encuestas no fallan lo que falló fueron las empresas encuestadoras que falsearon los datos.

    Sería prudente que los legisladores hicieran un reglamento para dichas empresas en el que falsear o manipular la información o la toma de encuestas sea delito.

    Pero lo que va a pasar es que en el sexenio de EPN sean premiadas por su complicidad en el fraude... Bueno por los servicios prestados para el bienestar de la nación.

    Casi todos los legisladores son igual de tramposos que las encuestadoras no hay a cual irle.

    Es una pena que en la olimpiada no hubo competencias de tranzas hubieramos mandado una delegación compuesta por PRIístas y PANistas ilustres, México estaría en la cima del medallero

      Alerta al Moderador [ responder
     

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