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Ese es el objetivo que se traza Enrique Peña Nieto en el horizonte para México.
Otro adjetivo más para la democracia.
En estos últimos días lo ha reiterado; por ejemplo cuando entregó a la bancada del PRI y del Verde en el Senado (sus aliados) su propuesta para modificar al Instituto Federal de Acceso a la Información, a través de la cual propone una reforma de la Constitución para dotar de mayor fuerza al Instituto, buscando que tenga mandato sobre los tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) y además en todos los órdenes de gobierno (federación, estados y municipios).
Todo eso quiere Peña Nieto que se logre desde un organismo que propone "esté desvinculado de la administración pública" es decir, que sea ciudadano, con autonomía plena.
A esta propuesta legislativa del presidente electo, se suma la reforma laboral enviada por el presidente Calderón a la Cámara de Diputados en la que se establece un esquema de transparencia de los sindicatos buscando sacarlos de su eterna opacidad; y la reforma a la Ley de Contabilidad Gubernamental enviada al Senado por el mismo, en la que se proponen medidas para lograr una misma contabilidad para los gobiernos estatales y con ello hacerlos más transparentes y evitar la discrecionalidad en el manejo presupuestal.
De pronto vivimos una euforia por la transparencia.
Ante ello y aunque las propuestas son interesantes por sí mismas, vale la pena rascarle y desmenuzar los motivos de esa euforia. Analizar las letras chiquitas.
Y es que la otra opción, es pensar que de pronto la mentalidad y la actitud de los políticos cambió. Que ahora sí piensan en construir a largo plazo y no sólo en intereses inmediatos, electorales, del momento.
Pudiera ser, todo es posible, pero ¿por qué no pasarlo por la prueba del ácido primero?
La reforma laboral, ya lo sabemos, forma parte de un paquete de recomendaciones bastante añejos que se han hecho desde todos los foros hacia nuestro sistema económico social.
Independientemente de lo sólido de esas recomendaciones, lo cierto es que intentarla ha generado desgaste político a los gobernantes y sus partidos.
Hoy Calderón la envía al finalizar su mandato. Un buen momento para hacerlo ya que no hay elecciones en puerta, pero sin la fuerza para conseguirla. Y aunque la mayoría del Congreso se ha manifestado por la reforma, nadie dice en qué sentido. Seguramente tendremos una reforma "light". Parece, que como siempre, los legisladores apostarán por salvar su pellejo político antes de trabajar en reformas profundas.
En el tema del IFAI, la confusión adquiere proporciones enormes.
Por una parte se habla de transparencia como si ésta por sí misma garantizara la rendición de cuentas.
Por otra, es un hecho, hay tantas iniciativas de transparencia como "mentes prodigiosas" pensando en adquirir capital político para su "establo". Es obvio que no corresponden a un diagnóstico compartido, serio, con un interés nacional por encima de todo, que permita establecer horizontes sólidos en la materia.
La Red por la Rendición de Cuentas, un organismo netamente ciudadano, conformado por especialistas en la materia, ha externado su preocupación ante la frivolidad con la que se enfrenta el problema.
El problema es la corrupción que se genera ante la falta de transparencia y de una cultura y procesos sistemáticos de rendición de cuentas.
Por ello, suponer que con iniciativas "personales" de un presidente en funciones o un electo las cosas cambiarán, denota un nivel de inocencia mayor.
El país requiere de verdaderas políticas de rendición de cuentas, sustentadas en diagnósticos profundos que determinen con claridad las líneas de acción que deberán irse cumpliendo en los tiempos establecidos, sin importar cuál partido esté en el poder.
Se trata de un problema vital para nuestra sociedad, no de una moda.
Si logramos que los gobernantes, las empresas, las organizaciones gremiales, las sindicales, los partidos, las universidad y en general todos los que estamos obligados a rendir cuentas lo hagamos como un sistema cotidiano, estaremos del otro lado del problema. Antes no.
Los ciudadanos somos los responsables porque eso ocurra. Podemos asumir este reto como un factor de cambio o podemos seguir aceptando espejitos sexenio tras sexenio.
leopoldolarap@gmail.com
FB: Esta Boca es Mía
TW: @leopoldolara
Opiniones de Lectores

Renficion de cuentas Antonio del Bosque Salinas , 17/09/2012 23:29 De acuerdo. Lo que primeramente debe pasarse a ser fiscalizado, deben ser los fondos de los mas públicos a los menos públicos.
Esto porque entre mas públicos sean los recursos, se afecta o se beneficia a mayor gente.
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