Las acuarelas se convierten en su pasión


Ernesto Rodríguez López veía a uno de sus compañeros que iba en un grupo un año atrás, que llegaba con sus trabajos de pintura, algo que llamó mucho su atención


El acuarelista Ernesto Rodríguez López afirmó que su esposa y él revivieron la acuarela en nuestra localidad. FOTO: SANDRA JASSO/EL MAÑANA
SANDRA JASSO | 13/08/2017

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NUEVO LAREDO.- Desde temprana edad, cuando cursaba su educación secundaria, Ernesto Rodríguez López veía a uno de sus compañeros que iba en un grupo un año atrás, que llegaba con sus trabajos de pintura, algo que llamó su atención.

Su compañero se fue a estudiar a San Carlos a la Ciudad de México, cargaba con sus pinturas estilo José Luis Cuevas, que no era su línea en aquel entonces, el empezó a jugar con los pinceles y las pinturas en 1964, nunca imaginaría que lo que inició como un gusto, terminó convirtiéndose en su pasión.

Originario de Nuevo Laredo, Tamaulipas, vivió sus primeros años muy cerca del sector centro donde estaba la casa de sus padres sobre la calle Gutiérrez, además de ser pionero en la acuarela, es un artista reconocido por su exquisito trabajo.

“Es un remanso de paz y sabiduría la pintura, gracias a Dios ha tenido mucha aceptación nuestro trabajo, dominamos todas las técnicas, óleo, acrílico y estamos enamorados mi esposa y yo de la acuarela, muy contentos de revivir este arte en nuestra ciudad”, afirmó convencido el artista.



En su juventud realizaba en su casa algunos trabajos, siempre le había gustado dibujar, pero nunca había tenido la intención de aprender a dibujar acuarela de manera profesional, después continuó sus estudios hasta establecerse en la ciudad de Monterrey donde inicia en la universidad.

“Ingresé a la carrera de Ingeniería Mecánica y Eléctrica, hace casi 50 años, luego empieza mi vida laboral, me quedé a vivir en Monterrey con mi esposa Mary Lugo Valles que es autodidacta y también pinta y crea diseños, tuvimos a nuestros hijos Ernesto y Alfredo”, manifestó.

Su compañera de vida compartía su pasión por el arte, en particular la acuarela con un estilo singular, en sus colecciones destaca el Nuevo Laredo de antaño, resaltando la arquitectura norestense de sus edificios, calles, paisaje urbano, plasmando la belleza de nuestra ciudad.

Afirma que empezó a pintar porque lo tomó como un pasatiempo, siguieron los dos pintando, además de su trabajo, entrando de una compañía y a otra, hasta que llegó en una ocasión a una exposición en una casa y vi puras acuarelas, algo que lo había impresionado.

Explicó que el tema era ferroviario en las acuarelas, vió el nombre de Antonio López Oliver del artista, después con el polifacético un día después tomó el teléfono y le llamó, le manifestó su agrado por su trabajo, considerado uno de los mejores acuarelistas de México.

Su primera exposición se llevó a cabo en Monterrey, alternando con Jorge González Camarena, Efrén Ordóñez, con el tiempo decide regresar a Nuevo Laredo, enfermo de hepatitis, esto lo lleva a ponerse a analizar la vida que llevaba hasta entonces.

Vivía en el Cerro de las Mitras y Trabajaba en Apodaca, Nuevo León, la convivencia familiar era poca por los tiempos, sus hijos empezaban a crecer, decidirse retornar al terruño no fue fácil, sin casa y con familia, llegan con la finalidad de empezar en un local y montar una galería en la localidad.

“Pusimos a toda la familia buscar una casa, encontramos un terreno cerca de la casa de mis suegros, para nuestra galería, esa era la meta, y al poco tiempo empezamos a trabajar en la primera exposición que se llamó “Nuevo Laredo Aquellos Años”, estábamos nerviosos mi esposa y yo, no sabíamos que tanta gente asistiría”, confesó el acuarelista.

Comentó que Don Luciano Guajardo encargado de las bibliotecas públicas de Laredo, Texas le proporcionó algunas fotos de Nuevo Laredo que eran de autor desconocido, para realizar algunos trabajos en acuarelas, con el miedo de experimentar y armar la exposición.

Su sorpresa no pudo ser mayor, la exposición se había montado en un lugar ubicado sobre la Avenida Guerrero entre Nuevo León y Coahuila propiedad de César González, la fila para entrar llegaba hasta el exterior, todos querían entrar a verla y había comentarios positivos por su trabajo.

“Hacía un frío tremendo fue en noviembre de 1982, no lo podíamos creer, mucha gente quería entrar, ese día vendimos todo el trabajo en exposición, veinticinco piezas, lo normal es que se venda un 20% , incuso en una sala siguiente estaban otras acuarelas almacenadas y también se compraron”, exclamó.

Este fue el inicio de una fructífera carrera de dos artistas neolaredenses que han destacado y han sido premiados por su excelente trabajo y calidad, después de 38 años de pintar acuarela, han trabajado para arquitectos, decoradores, negocios, el Condado de Webb, municipios en otros estados de la república.

“Empezamos a dar clases y coincidía con el inicio escolar de mis hijos, me emocioné y me fui, en un local cercano, estaba un dentista, y me avisan que me habían ido a buscar, eran mis alumnos, tomé el teléfono y me disculpé, fue una experiencia muy bonita”, indicó el ingeniero.

Las satisfacciones fueron muchas, obtuvimos a lo largo de su carrera, y comenta que tiene la fama de ser la acuarela la más difícil, pero piensa que no es así, es mezclar los oscuros y no utilizar el blanco y el negro, porque en el blanco es sólo el papel.

Muy orgullosamente puedo decir que de tres de las maestras fueron alumnas nuestras, cuando regresamos buscamos quién pintaba acuarelas, una de ellas era el arquitecto Cristóbal Enríquez en sus juventudes, había muy pocas.

“Puedo decir que revivimos la acuarela en la localidad Mary y yo, ella pinta más acrílico y óleo, hemos tenido alumnas por más de catorce años y tuvimos uno, Ovidio Cavazos que llegaba n vacaciones, después se fue a estudiar arquitectura a Monterrey”, detalló el Ingeniero Rodríguez.

El joven regresaba de nuevo a tomar las clases, y me informa que hicieron un concurso en la escuela y ganó el primer lugar, pero me decía que lo habían criticado mucho porque pintaba como artista, no como arquitecto, después al siguiente año vuelve a participar y gana de nuevo”, enfatizó orgulloso.

Comentó que estuvo trabajando mucho como retratista, hoy en día se dedica a su carrera en un negocio en Laredo, Texas, Paquita Palacios, Vero Cárdenas de Ramírez que están de maestros ahora.

No todo fue éxito en un principio, ahora tenemos 35 años en Nuevo Laredo, cuando nos decían que para que regresan a ese pueblo, fue abrir un mercado que no había, porque le decían que se iba a morir de hambre.

“Hace 25 años vimos a un compadre en Reynosa, que había cerrado su casa con vitrales, nos enamoramos de ellos, nos dijo que un primo los había hecho, compramos materiales, empezamos a experimentar y de ahí a darle en forma a poner en exhibición lo que hacíamos”. Destacó.

Empezaron carpinteros a encargar vitrales, ahora tenemos el apoyo de nuestra nieta mayor, Sara Daniela Rodríguez, tenía quince años, creía que no podría, en algunos cuadros con acrílicos ella plasmó su firma, había colaborado con su abuela y firmó.

“Otra de mis nietas hizo la noche estrellada de Vang Gogh, no hubo intervención de nosotros, solo dijo “le cambié algunas cosas porque no me gustó que hizo Van Gogh”, sólo tenía siete años nuestra nieta”, y soltó la carcajada.

Si duda, Ernesto Rodríguez López es un neolaredense que está dejando huella con sus magníficas obras, al lado de su querida esposa Mary, además de plasmar su arte en nuestra localidad con su profesionalismo y maestría, ganador de premios, al igual que su esposa, logrando destacar como pocos.




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