Fru-fru



| 26/11/2017

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Mi ritual de Día del Pavo es NO cocinar pavo. Cada año nos alejamos más del origen, este año cocinamos codornices en jugo de naranja con miel. Es una cena que requiere mucha imaginación pues nadie aquí sabe cocinar, pero ahí estamos en un extremo del gran comedor solos ahí mi madre y yo tratando de sacarle coherencia al plato, hay una sensación de ser los últimos habitantes del planeta y esa nuestra última cena. Pero así nos gusta, esa soledad compartida, ese cansancio después de cocinar y cuando por fin nos sentamos a la mesa, la cena en sí es breve. Comemos como desesperados, como niños con hambre con ojos grandes, haciendo un desastre, soplando mis dedos quemados una y otra vez, chamuscados por glasear cada 15 minutos las codornices. Ambos emitiendo sonidos de gorda alegría cuando mordemos el pan que escurre esa mantequilla feliz. Los espárragos no quedaron tan suaves y hay que atragantarse de vez en cuando y hacer caras raras, pero aun así qué ricos son. Se complementan muy bien con el puré que con sólo cocinarlo y estarlo a cada rato probando para ver si queda, ya subiste 1 kilo a modo de magia, ya aprieta más el cinturón. El puré está lleno de amor, un amor salvaje y apache, lleno de cantidades exorbitantes de mantequilla, mayonesa, un poquito de queso, queso crema, leche PET, y los demás ingredientes no los puedo revelar, no lo vayan a cocinar y terminen prehipertensos. Las codornices son pequeñas y tocó una para cada quién, al mero estilo cavernícola decidí colocar la codorniz entera en los platos, parecen pequeños pavos, todos picoteados porque aquí no se cocina de acuerdo a tiempos y esas cosas de gente fru-fru, aquí se sabe que ya está listo cuando le picas y ya no sale sangre. Los pequeños pavitos están deliciosos, la parte cruda es pequeña, pero lo de arriba más quemado es muy sabroso. En la charola quedó un sobrante de jugo de naranja y miel que mezclado con la grasa que va soltando sabe riquísimo, ese lo puse en un recipiente en forma de vaca que es para la leche, pero sí funcionó bien. Se siente una calma extraña en la mesa cuando sabes que apenas a unas cuadras hay una vorágine de compradores pisando el acelerador para llegar primero a las tiendas donde buscan la ilusión del ahorro, es el tan famoso viernes negro. Pero mi jueves por la noche es bastante blanco, bueno como amarillo tenue, ese color de los focos viejos, antes del LED y el ahorro de energía.

Termina la noche celebrando a Kazuo Ishiguro, el más reciente premio nobel de literatura. Pongo por quinta ocasión su bellísima obra maestra Los Restos del Día (1993) película basada en la novela de Iziguro, es protagonizada por Anthony Hopkins y Emma Thompson. Narra la vida de un mayordomo en una vieja casa. En ella muestran un par de cenas donde la servidumbre hace grandes preparativos, desde pulir la plata hasta desplumar las aves, todo es meticuloso, al puro estilo inglés, la distancia de cada cosa sobre la mesa se mide, debe ser exacta, todo debe brillar, una perfección divina. Qué dirían de mi picarle a la pobre codorniz hasta que ya no salga sangre y así saber está lista...en fin querido lector… jorgesantana1@gmail.com




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