Sobrevive en la pobreza; sueña con casa digna


Asegura Teresa Pérez que los candidatos van y vienen, se toman la foto con ella, le prometen ayudarla y jamás regresan


Para Teresa su única compañía son sus perros y gatos, además de la soledad y pobreza en la que vive. FOTOS: ALEJANDRO CAMACHO / EL MAÑANA
EMMA TREVIÑO | 09/02/2018

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La pobreza y el rezago social no sólo se encuentran en la periferia de la ciudad sino en el área conurbada, ante la indiferencia y abandono de las autoridades municipales, que sólo acuden a la colonia en tiempos electorales para ofrecer una ayuda que jamás llega.

Tal es el caso de Teresa Pérez Chávez, de 76 años de edad, quien vive en Dionicio Carreón y Mazatlán en la colonia Buenavista, en la extrema pobreza entre la basura y las ruinas de lo que un día fue su hogar, con su única compañía, sus perros y gatos.

Durante años Teresa ha padecido de todo. En verano sufre de las fuertes olas de calor, su único refugio es un viejo árbol en el cual se resguarda para soportar las altas temperaturas, que muchas veces la han llevado a deshidratarse; en temporada de lluvia y el invierno se ha llegado a resfriar, y las enfermedades respiratorias son una constante lucha para ella, al carecer de un hogar digno.

Además padece de diabetes y las condiciones inhumanas en las que vive no le ayudan en nada a su salud; a pesar de ello, Teresa no deja de sonreír, pues desde niña aprendió a verle el lado bueno a la vida.

“Candidatos van, candidatos vienen, prometen mil cosas, se toman la foto conmigo y jamás regresan”, expresó Teresa, mientras tostaba unas tortillas en un comal torcido, en su estufa hechiza de una bañera vieja y una parrilla en la que a diario calienta la comida que le llegan a dar algunos de sus vecinos.

Comentó que a su casa que es un pequeño cuarto en donde apenas cabe su viejo y maltrecho colchón, han llegado gestores sociales de la colonia, incluso una regidora con la promesa de ayudarla, de construirle un cuarto de material para que ya no viva en las condiciones de miseria en que está, pero sólo han sido palabras pues hasta ahora nadie le ha cumplido nada.

Y por si fuera poco, ahora para poder accesar a la despensa mensual que antes le daban, tiene que entrar en un sorteo, pero en los últimos meses la suerte no la ha favorecido.

“Antes me daban una despensa mensual y ahora es por rifa, en los últimos meses mi nombre no ha sido el afortunado”, expresó, al tiempo que dijo que sobrevive gracias al apoyo de algunos vecinos y de la ayuda de una iglesia evangélica que le regalan despensa cuando ella no tiene.

Dijo que la única ayuda que recibe es federal y es cada dos meses, mil 100 pesos, que tiene que estirar para poder vivir, pero de ahí tiene que pagar sus servicios, y con lo que le queda no le alcanza para nada.

Teresa comentó que toda su vida se dedicó al cuidado de ganado junto a su padre, quien le enseñó el oficio, incluso hace 12 años ella tenía unos borreguitos y marranos, pero una gente de Ecología la obligó a venderlos.

Desde entonces, su situación ha empeorado, ya que por su edad nadie le quiere dar una oportunidad para trabajar: “A mi edad nadie me da trabajo, ya traté en una lavandería de por aquí, y me dijeron que no porque estaba ya grande, pero antes de eso cuidaba a una niña, pero me daba 50 pesos, y eso no era nada, ya que tenía que darle de comer también”, expresó.

Además Teresa tiene que lidiar con los niños y adolescentes quienes al ver las condiciones en que está la tratan como si estuviera loca: “Me dicen de cosas, se burlan de mí, de mis mesas viejas que tengo, se meten a mi casa, pero yo no estoy enferma, sólo no tengo los recursos para vivir en condiciones dignas”.

A pesar de sus años, tiene mucha energía y se siente fuerte, con una enorme sonrisa Teresa voltea y echa un vistazo a su casa precaria en la que sobrevive con sus perros y gatos. “Ellos, son mi familia, tengo una hija, pero no me procura”.

Teresa lo único que pide es que le ayuden a construir un cuarto de block para poder resguardarse de las inclemencias del tiempo, ya que tiene miedo de que su viejo y apolillado hogar se incendie, pues tiene muchos cachivaches que ya no sirven, pero no tiene los medios para limpiar su terreno.

“Antes vivía en la casita que construyó mi papá, pero le cayó un árbol… esa que tiene esa lona vieja, y pues luego mi hogar fue esa casa de campaña y ahora ese cuartito que tengo ahí, pero apenas y entro”, dijo.

Las personas que deseen apoyar que esta abuelita viva los años que le quedan en mejores condiciones pueden acudir a Dionisio Carreón y Mazatlán y donarle bloques, cemento, varillas y la mano de obra para que le construyan su cuarto de material que tanto anhela así como alimento para ella y sus mascotas.



A sus 76 años sueña con tener su cuartito de material para ya no sufrir las inclemencias del tiempo.

Su desayuno fue una sopa instantánea y unas tortillas que tostaba en su vieja e improvisada estufa: una bañera oxidada y una parrilla de refrigerador.




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